…Pero Bruto es un hombre honrado.

20 julio 2009

Nuevo artículo de nuestro Capellán:

“Con estas palabras, según recrea Shakespeare en su Julio César, Marco Antonio espetaba al pueblo de Roma que, ante las puertas del Teatro Pompeyo, se agolpaba para comprobar con sus propios ojos, si el rumor del asesinato de César era cierto. Previamente, Marco Junio Bruto, confiesa haber colaborado en el asesinato del Dictador no por odio hacia su protector, sino por ser un ambicioso de poder; no por envidia si no para salvar la República de manos de un hombre que había llegado demasiado lejos; no por pasión ciega y cegadora, si no por puro amor de Roma…”

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La misión

14 julio 2009

Nuevo artículo de nuestro Capellán.

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¿Aún no tenéis Fe?

24 junio 2009

La nueva homilia de nuestro Capellán comienza así:

Seguro que alguna vez nos hemos sentido, como los Apóstoles, en medio de una tempestad. Incluso hemos desesperado y hemos pensado que no tenía solución, que era mejor rendirse y dejar que nos envolviese, abandonando toda esperanza de solución…

 

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Domingo V de Pascua

10 mayo 2009

De vides y sarmientos: de Cristo y nosotros.


1ª Lectura
(Hch 9, 26-31): “(…) En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, vivía en el temor del Señor y gozaba del consuelo del Espíritu Santo (…)”

2ª Lectura (1 Jn 3, 18-24): “(…) Ahora bien, este es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme el precepto que nos dio. (…)”

Evangelio (Jn 15, 1-8): “(…) Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da fruto abundante, porque sin Mí no podéis hacer nada. (…)”

No hacen falta muchas explicaciones de esta parábola del Señor para mis paisanos. De sobra sabemos cómo es una vid y los mínimos cuidados que merece. Llegando el mes de septiembre se llenan las calles de olor a uva y los tractores van y vienen de los campos a las cooperativas para llevar esas frutas maravillosas que nos darán ese don ambivalente que es el vino que alegra el corazón del hombre (Sal. 104).

Pero Nuestro Señor Jesucristo se vale, como el domingo pasado, de estas comparaciones para hacer llegar un mensaje claro a sus oyentes y que creo que está en el centro de todo este texto que hemos oído: sin mi no podéis hacer nada. Y es que la vida en y con Cristo es el resumen más sintético de la salvación, la última respuesta que Dios da al hombre que le busca. No es una filosofía, no es una forma de entender la vida, no es una moral… es una persona, concreta y específica, es Cristo mismo, resucitado y vivo que se nos revela como imagen perfecta del Padre y único camino de salvación.

Por eso el empeño de Juan Pablo II y Benedicto XVI de orientar la teología y sobre todo la soteriología desde un punto de vista cristocéntrico, porque sólo en Él el hombre encuentra la única respuesta a sus preguntas más íntimas y sólo en su seguimiento, fiel, cumpliendo sus mandamientos con honradez, encontramos la verdad de todas nuestras preguntas.

(…) Por tanto, la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su «pascua», su «paso», que ha abierto una «nueva vía» entre la tierra y el Cielo (Cf. Hb 10,20). No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible (…) Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria. (…) (Benedicto XVI. Mensaje Urbi et Orbi 2009.)

Y lo mismo que el sarmiento si no está unido a la vid, no puede dar fruto, tampoco nosotros si no estamos unidos a Cristo, si no formamos parte de ese Mistici Corporis, de ese “cuerpo místico” que es la Iglesia tampoco podremos dar frutos de salvación, no podemos ser canales de gracia para todos que, con nuestro testimonio quieran encontrarse con Cristo.

¿Quién nos separa de Cristo? Clara y evidente respuesta: el pecado, como negación de Dios y por tanto como ese absurdo deseo del hombre, de ti y de mi, de independizarse de Dios o de vivir, como diría el filósofo holandés Hugo Grocio, ut si Deus no daretur, como si Dios no existiera. Tan solo un fin tiene semejante majadería… ser arrojado al fuego y arder (Jn. 15,6), porque no sirve para nada. Por tanto, vigilemos, que lo mismo que el sarmiento no sabe cuando vendrá el viñador, nosotros tampoco sabemos ni el día ni la hora en que, por no dar frutos, seremos examinados del amor, en palabras de San Juan de la Cruz.

Tiempo tenemos de merecer y de conquistar el cielo al asalto, en palabras de la Santa doctora de Siena: ¿cómo? Ordenando nuestra vida y luchando contra el pecado como negación de Dios pues no recibe Dios ofensa de nosotros sino por obrar nosotros en contra de nuestro bien, dirá Santo Tomás de Aquino.

Para ello, arma segura tenemos en nuestra conciencia, como nos ha dicho en la segunda lectura, el Apóstol Predilecto: “(…) Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada (…)”. El mismo Catecismo, parafraseando al Vaticano II en la Gaudium et Spes nº 16, nos define la conciencia moral como el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios cuya voz resuena en lo más íntimo de ella. La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto. (CIC. 1795-1796). De ahí tener una conciencia bien formada: ni laxa, ni escrupulosa, pues ninguna de las dos construye al individuo ni lleva a Dios. Ideal para este reto, el director espiritual. Deliciosamente es descrito por San Francisco de Sales de esta guisa: “(…) ¿Quieres con más seguridad caminar a la devoción? Busca pues algún hombre virtuoso que te adiestre y guíe. (…) Pondrás en él una grande confianza mezclada de una sagrada reverencia, de suerte que la reverencia no disminuya la confianza y que la confianza no estorbe a la reverencia. (…) Ha de ser lleno de caridad, de ciencia y de prudencia; y faltándole una destas partes, será faltarle mucho. Pero también digo otra vez que le pidas a Dios; y habiéndole hallado perseveres con él, dando gracias a su Divina Majestad y no buscando otras novedades, sino irte siempre por el camino que tu guía te muestra, simple, humilde y confidentemente; y con esto harás un dichoso viaje (…)” (S. Francisco de Sales, Introducción a la vida devota. Cap. IV) ¡¡Miedo tengo al leerlo!! he de confesaros.

Cabría hablar de la poda, como purificación del sarmiento. Poda que es la penitencia o incluso esas pequeñas “pruebas” que Dios nos pone, que nos aquilatan a fuego y evitan que nos perdamos en hojarascas inútiles, pensando que todo es oro lo que reluce. La Pasión de Cristo fue tan grande que para todos tuvo un poquito me dijo una abuelita una vez… y ¡cuánta razón tiene! Sin ella no hay salvación.

Resumen: vivamos unidos a Cristo, dejemos que sea Cristo quien viva en nosotros, pues solo así tendrá sentido nuestra vida. Sabremos que estamos en Cristo si nuestra conciencia, rectamente guiada y formada, no nos reprende pues solo así encontraremos sentido a la poda, es decir, a la cruz que nos salva cada día, sin renunciar a ella.

Con todo el cariño de mi corazón sacerdotal:

Don Juan, Capellán de A.C. Primavera.