LA IGLESIA Y LOS TIEMPOS

Con frecuencia, desde sectores laicista extra-eclesiales y/o ámbitos modernistas intra-eclesiales, se acusa a la Iglesia Católica de “no ir con los tiempos”. Esa frase ya es casi un tópico más del conjunto cultural secularista que pretende, por un lado, reformar la Iglesia hacia dentro y, por otro, reducir al máximo toda influencia apostólica de la Iglesia hacia fuera. Toda esta ideología incurre en una inversión de valores, ya que coloca a la cultura (fruto de cada tiempo) por encima del ser humano y no a su servicio. Es decir, la Iglesia sirve a la humanidad tratando de evangelizar la cultura, lo cual implica denunciar todo lo que dentro de ella sea inhumano y/o contrario a la ley natural. Si la cultura actual, en alguna de sus tendencias, desprecia el valor humano del embrión, la iglesia no puede seguir esa tendencia por el mero hecho de que se ajuste al consenso popular. Al estar al servicio del ser humano, la Iglesia predica desde verdades eternas y no desde modas pasajeras. O, por ejemplo, la Iglesia nunca podrá reconocer como matrimonio la unión de dos hombres o dos mujeres, por el solo hecho de que desde la ley civil se contemple como pasa hoy en España. En ambos casos, la predicación de la Iglesia no se opone a “los tiempos” sino que intenta evangelizar los mismos al servicio del hombre y de la mujer. Los tiempos se hicieron para el ser humano, y no el ser humano para los tiempos.

Santiago-César González Alba

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