¿Por qué cantan?

Puede que la escena no sea verídica, pero como dicen los italianos “se non e vero, e ben trovato”. En la película “Qvo vadis?” Nerón, en el circo máximo contempla como los cristianos, acusados falsamente del incendio de Roma, están a punto de ser entregados a las llamas en numerosas piras donde serán quemados vivos. Pero mientras sufren el tormento del fuego… cantan. “¿Por qué cantan?” se pregunta Peter Ustinov en la película: la respuesta nos la da bien clara la primera lectura de hoy del segundo libro de los Macabeos. La resurrección.

El Santo Padre ha visitado este fin de semana nuestro país, particularmente, como ya sabéis, Santiago de Compostela y Barcelona. Esto parece ser que escuece o que incomoda a muchos. Sobre todo cuando hace un dibujo acertadísimo, ya antes de pisar suelo patrio, de la situación en España: “(…) en España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España (…)” (Encuentro con los periodistas en el avión). También cuando, en presencia del Jefe del Estado, afirma necesidad de que los gobiernos, en ellos también España, apoyen a la familia fundamentada en la unión del hombre y de la mujer y fomenten la vida y no el aborto, la eutanasia y otras formas de acabar la vida del más inocente e indefenso.
Y es que eso molesta a los tolerantes intolerantes si de catolicismo se trata; incordia a los avanzados dialogantes que se tienen que travestir para ridiculizar a una institución sagrada como es la Iglesia y como es el Papa; escuece a los que vendieron su alma al diablo en una debacle de sinrazón. Una vez más tiene sentido la frase de Marco Antonio en el “Julio César” de Shakespeare: “¡Oh raciocinio, qué has ido a cobijarte en los irracionales porque los hombres han perdido la razón!” o, siguiendo a Gonzalo de Berceo en su vida de Santo Domingo de Silos, dicho en román paladino / en el qual suele el pueblo fablar a su vecino: “Cuánto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.
¿Y por qué cantamos, cuando todos nos dicen que estamos abocados a la ruina? ¿Por qué no cedemos, cuando todo está en nuestra contra? ¡Con lo fácil que sería dejarnos llevar por la corriente y pensar como piensan todos en temas de uniones homosexuales, células madre, etc.! El gobierno nos querría, nos subvencionaría, podríamos mantener las obras de caridad y nuestros templos adecentados; la gente se haría católica porque todo es a su gusto… ¿por qué a pesar de ir contra corriente y estar al borde del martirio seguimos cantando?
Porque Cristo nos llama, nos atrae, nos mira… ¡porque Cristo está crucificado! Y nos promete la resurrección para la vida, si nosotros somos capaces de renunciar a la nuestra aunque sea de forma cruenta. Porque tenemos la esperanza de que resucitaremos como Cristo resucitó y porque de otra manera estaríamos vendiéndonos, por treinta monedas de plata, comprando, tasando y valorando, la vida eterna.
Si el cristiano canta es porque todo lo estima basura comparado con Cristo. Si el cristiano desprecia su propia vida es porque sabe que va a resucitar y por tanto, podrán quitarnos esta pero nos dan la que vale de verdad. Por eso el cristiano canta, salta y grita: por eso no nos rendimos, por eso luchamos contra todo hasta que Cristo reine y todos sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.
Consejo les daría a los que gastaron su tiempo en reportajes, tergiversaciones de noticias, ridículas consignas o amenazas como “la iglesia que ilumina es la iglesia que arde” y demás zarandajas, en este fin de semana. No se cansen, no vamos a parar: sabemos de quién nos hemos fiado y nunca lograrán que nos bajemos de la Barca de Pedro, se llame Benedicto, Juan Pablo, Pío o León, nos da igual. Es Pedro y nosotros estaremos siempre con él.
Y si nos amenazan o incluso si cumplen su amenaza, no nos importa, aprendimos bien la lección de nuestros mayores. Moriremos perdonando y gritando: ¡Viva Cristo Rey!

Gracias Santo Padre. Nos vemos en Madrid.

Con mi bendición y aliento.
P. Juan.

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