Festividad de la Virgen del Pilar.

“Una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. “contestó Jesús: Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”

Ambos tenían razón, porque ambos se referían a la misma persona: Santa María, la Virgen. Ella, como nadie, escuchó la palabra de Dios y la cumplió hasta las últimas consecuencias, por eso es bendito el vientre que llevó a Cristo y sus pechos que le dieron de mamar.
Miramos hoy a María, en el día de la Fiesta Nacional. Miramos a María en su tierra, en su casa, entre los suyos. Entre los hijos de la Iglesia que se distinguen por su amor y veneración, como nos gritó el Siervo de Dios, Juan Pablo II en sus visitas a nuestro país. Devoción que llevó a nuestros antepasados a adentrarse en la mar océana y llevar también la fe al nuevo mundo, trasplantar la semilla del Evangelio y ganar almas para Dios.
Desde este día, España y el Nuevo Mundo ya no son extraños sino hermanos, porque los unen lazos, ¡cadenas!, que se anclan en este pilar que es María. España y Latinoamérica será desde este día, prolongación de la Casa común donde todos tenemos cabida.
La Primera lectura del libro de las Crónicas nos recuerda el traslado del Arca de la Alianza al lugar que David, le había preparado para que Dios habitase en medio de su pueblo. Y como un hijo que busca la explicación de su Madre, la Iglesia nos dice que ese Arca, es imagen de la Virgen santísima. Al llevar en su seno al Hijo de Dios Altísimo, María es Templo de la definitiva Presencia de Dios sobre la tierra, Cristo mismo, con su Cuerpo y con su Sangre, que sin romper los sellos de la virginidad de su Madre, Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, viene a nosotros para dar sentido y redención a la vida del mundo oscurecido por el pecado.
Este mundo, esta sociedad y esta patria nuestra, que se ve inmersa en multitud de problemas realmente acuciantes: la crisis económica, el paro, el terrorismo, en cualquiera de sus formas, el terrible drama de la pobreza factible y palpable en algunos casos, etc. Exponentes estos de una evidente crisis de valores puesto que, hubo un tiempo, en que se primó la codicia, sobrevalorando las cosas; se “divinizó” la economía sobre el mismo hombre y se nos engañó haciéndonos creer que todo iba a ser distinto.
Y cuando el hombre se olvida de Dios y vive como si Él no existiera, como en el Edén, también se oye la voz de Dios que nos dice: ¿Dónde estás? Voz que recoge la Iglesia y que hoy proclama sin miedo a la incomprensión o el rechazo. Voz que el cristiano debe hacer suya y más que nunca luchar contra la división en partidos y banderías, formando lo que debe ser; Un solo Cuerpo movido por Un solo Espíritu para ayudar a los necesitados, visibles o “aparentemente” invisibles.

De esta manera, no hacemos más que cumplir con nuestro deber: pues como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, manual fundamental de conducta cristiana “(…) es deber de los ciudadanos cooperar con la autoridad civil al bien de la sociedad en espíritu de verdad, justicia y solidaridad. El amor y el servicio de la Patria, (…) y sus autoridades legítimas exigen moralmente, el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto y la defensa de la Patria. (…)” (CIC. 2240)
Así mismo deben conocer los responsables del cualquier gobierno que “(…) Pertenece a la misión de la Iglesia “emitir un juicio moral también sobre cosas que afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, aplicando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y condiciones” (GS 76,5). (…)” (2246) Nunca la Iglesia fue enemiga de la paz, la auténtica libertad en la Verdad de Cristo y de la concordia entre los pueblo; y si en algún momento de la historia lo fue, Dios nos perdone tal desatino.
Esa es la fórmula. No busquemos más. Y si hemos hablado del cumplimiento del deber, miremos hoy a aquellos que tienen como Patrona a santa María del Pilar. También ellos sufren en este tiempo de crisis, pero son valientes, pero están firmes, pero son leales. Ciertamente nunca podremos estas suficientemente agradecidos a la Guardia Civil por todo lo que hacen por nosotros, cada día, cada año, desde aquel feliz 1844 en que el Duque de Ahumada fundara el instituto armado.
¡Dios guarde y proteja siempre a los hijos de semejante Madre que lo dan “todo por la Patria” dentro y fuera de ella! donde nadie quiere ir allí están donde se necesita mano firme para salvaguardar el derecho, la justicia y la paz entre los hombres que, a veces, hemos perdido la razón.
Miremos a María y aprendamos. Miremos a María y oremos por España. Miremos a María y pongamos bajo su amparo y patrocinio a estos hermanos nuestros que solo el Honor de servir, tienen como divisa.
Así sea.

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