Caídos de la División Azul

De los caídos de la División Azul

repatriados
por los hermanos Garrido


Hoy he invitado a escribir aquí a un gran amigo mío,
Fernando Garrido Polonio. Fernando y su hermano Miguel Ángel son
autores del libro Nieve roja, cuya lectura recomiendo encendidamente a
Vds., y llevan a cabo de manera anónima y desinteresada y, por supuesto, sin
ayuda oficial de ningún tipo, una obra maravillosa por la que en cualquier país
del mundo serían premiados y reconocidos, aunque en este país nuestro, cainita y
envidioso – siempre he dicho que si un pecado adorna a los españoles, es el de
la envidia -, bastante tienen con que les dejen hacerlo en el más estricto
anonimato, y sin sacar los pies del tiesto.
Fernando y Miguel Ángel se fueron a Rusia, hace ya
diecisiete años por primera vez, a la busca de los restos de su tío carnal, el
soldado Mariano Polonio, voluntario de la División Azul caído en Rusia en acto
de servicio, a cuya madre – abuela de ellos -, y en su lecho de muerte, hicieron
la promesa de buscar.
Pues bien, tras incontables viajes, los Garrido hallaron
efectivamente el cuerpo de su tío, y hasta consiguieron, no sin tropezar en su
camino con todas las trabas esperables en los sucesivos gobiernos españoles –
muchas más por cierto que las que hallaron en el ruso-, repatriar a España los
restos de ese héroe anónimo que fue el Soldado Polonio.
Tantas pesquisas, tantos contactos como establecieron en el
otrora enemigo ruso, sirvieron a los Garrido para averiguar el paradero de
muchas otras víctimas de esa parte de nuestra memoria histórica de la que
la Ley que lleva tal nombre no quiere ni saber. Y, desde entonces, los Garrido
viajan a Rusia varias veces al año y, lo mismo que consiguieron que su tío
reposara para siempre en la tierra que le vio nacer, han conseguido ya que lo
hagan otros treinta y cuatro divisionarios. Que no serán los últimos, tanto así
que, como gran primicia de lo que ha sido su último viaje al confín de Europa,
les puedo contar que los Garrido acaban de descubrir el paradero del Cabo
Generoso Ramos, laureado en la batalla de Posad, uno de los ocho
laureados que honran a la División, cuya repatriación, – le regalo
la idea a la Sra. Chacón, que la acogerá, sin duda, con la atención
que merece -, podría constituir una excelente manera de celebrar el próximo año
el 200 aniversario de la creación de la más alta condecoración militar
española.
Sin más preámbulo, pues, cedo la palabra a Fernando Garrido:

Un divisionario llamado
Guillermo

Hace unos días llegaron al aeropuerto de Barajas los
restos de Guillermo. Había muerto con poco más de veinte años en los campos de
batalla rusos durante la II Guerra Mundial, combatiendo con la División
Española de Voluntarios, conocida popularmente como la División
Azul.
Por aquella Unidad del ejército español, que dio 8 Laureadas
de San Fernando, más de 50 Medallas militares individuales y más de 250
generales, pasaron casi 50.000 hombres, de los cuales 5.000 murieron, 20.000
fueron heridos o mutilados, y 500 fueron hechos prisioneros por los soviéticos.
De éstos últimos, 280 regresaron a España en 1954, después de sufrir algunos
hasta 13 años de cautiverio.
Al margen de las innumerables visiones que existen sobre
las causas de su origen y formación (no en vano es la unidad militar sobre la
que más libros se han escrito en el mundo), es evidente que su entrada en
combate evitó que España se viera directamente involucrada en la II Guerra
Mundial. La División Azul permitió que nuestro país mantuviera su
“neutralidad” y, en última instancia su “no beligerancia”, ahorrándonos así miles y miles de
muertos.
Los soldados de la División Azul, la mayoría adolescentes,
dejaron en España una familia, una madre, una novia o esposa, hermanos, amigos y
algunos incluso hijos, pero, sobre todo, el amargo recuerdo de su
ausencia.
Los que volvieron lo hicieron ya con su juventud perdida;
los que no, quedaron bajo una humilde cruz de madera.
En los últimos tiempos, el amor de sus familiares y la
disposición de unos pocos apasionados han conseguido que, después de setenta
años, los restos de 30 caídos en combate hayan regresado a descansar eternamente
a su patria.
Guillermo ha sido el último y, como en los casos anteriores,
lo ha hecho en silencio, con discreción. Para él no han existido reconocimientos
ni honores oficiales, no ha habido actos, ni banderas, ni discursos. La caja que
contenía sus restos le fue entregada a quien esto escribe en un hangar de carga
de una compañía de transporte aéreo en Barajas, como en ocasiones anteriores.
Dos oficiales del ejército español, sin uniforme, y cumpliendo con su labor
funcionarial, facilitaron los trámites burocráticos.Por vergüenza ajena
trasladamos los restos de Guillermo a Toledo donde, en una ceremonia íntima en
el convento de los Padres Carmelitas, y en presencia de militares uniformados a
título particular, fueron entregados a su familia para su definitivo traslado a
Cantabria, la tierra que le vio nacer.
Recientemente han llegado a España los dos últimos militares
españoles heridos en Afganistán, y tampoco fueron recibidos con
honor.
Da igual entregar la vida en Rusia, África, Filipinas o
Afganistán; también es lo mismo haber dado la vida por España en 1808, 1936,
1942 ó 2010. Vivimos en un país indigno, gobernados por el deshonor, con un
pueblo adormecido, una nación insensibilizada, y un Estado
infame.
En 1808, 1936, 1942 o en 2010 siempre han sido los mismos
los que han muerto, y siempre han sido los mismos los que han deshonrado a su
pueblo. Pensándolo bien, los héroes no necesitan necios que les
reciban.

Fernando
Garrido Polonio

6 respuestas a Caídos de la División Azul

  1. Manuel Liñán dice:

    He tenido el honor de conocer a los hermanos Garrido, solo quienes han compartido viaje en Rusia con ellos pueden darse cuenta del sacrificio qu ellevan realizando años y años, asi como conseguir lo imposible, como fue recuperar los restos de su tío sin saber nada en un principio (me acuerdo cuando lei en el “Blau”, Boletin de la hermandad de la Division Azul de Alicante que pedian ayuda aver si alguien sabia algo).
    Justo hoy termina la mision en Bosnia, hemos sido 46.000 militares alli, 23 caidos, hoy la Ministra de Defensa estaba en su salsa, o apuntandose algun tanto o para cobrar dietas, ya que me consta la poca estima del Ejercito a esta persona.
    ¿Porque la Ministra solo se ha preocupado de quitar las calles de laureados de la Division Azul? entre otras o de intentar ocultar en el nuevo museo esta gesta???.
    Los hermanos Garrido, le pese a quien le pese, ni buscan medallas ni portagonismo, y solo los envidiosos, inutiles o con otros intereses que no sean la verdad son los que pueden hablar mal de ellos.
    .

  2. Rafael dice:

    Mi nombre es Rafael y soy hijo de Ramón, piloto de la marina mercante y ya fallecido. Quizá el tuvo la suerte de regresar y morir en su patria, pero les aseguro que parte de él murió durante los 18 años que permaneció en los múltiples campos de concentración de la extinta Unión Soviética. En alguno de ellos coincidió y trabó amistad con divisionarios. Su historia es penosa y rocambolesca pero también de las que conlleva una vergüenza histórica para nuestro país y gobierno actual con la megafantástica Ley de la Memoria Histórica. La cual cuenta de “La Historia” en ese periodo lo que solo interesa contar.
    Pues bien, a partir de este comentario y si fuera posible, me gustaría poder entrar en contacto con los hermanos Garrido Polonio.
    Gracias por dejarme utilizar este espacio.

    Les saluda respetuosamente.

    Rafael

  3. fernando garrido dice:

    Gracias querido amigo Manuel, por tus palabras. Me he encontrado con ellas casualmente y no me sorprenden viniendo de alguien como tú, para quein el honor y la dignidad están por encima de todo.
    En cuanto a Rafael, también quisiera contactar con él. La historia de su padre no me resulta ajena.

  4. José Jurdao Martín dice:

    Estimado Fernando:
    Me ha emocionado gasta las lágrimas el interés demostrado por vosotros para enterrar en su tierra los restos de vuestro tio, sin contar, como los vengadores de cuantiosas subvenciones que nos cobran a todos. Mi padre fue cabo furriel en la División Azul. Tenía la cruz de hierro individual y fue herido en el lago Ladoga y enviado a retaguardia días antes que su compañía pereciera o fuera apresada. Por ello le dieron la “Verwundet Kreuz”. Regresó a España al regresar la división y vivió una vida honrada sin querer tener ningún privilegio. Fue muy trabajador y falleció hace 15 años rodeado de sus seis hijos de los cuales soy el mayor. Estoy apenado por el espíritu revanchista de quienes nos quieren contar una historia falsa sobre las bondades de la llamada “izquierda” sobre todo la falsa memoria de quien con engaños “gobierna” sobre su abuelo quien fué ajusticiado por ESPÍA y TRAIDOR, lo cual es una deshonra, y lo que en la actualidad practica su nieto, digno del mismo trato. Me gustaría tener mas contacto con Uds. para vindicar el honor de nuestros parientes los cuales son deshonrados por los actuales gobernantes y no defendidos por la “oposición” Muchas gracias por traer el recuerdo de su tio y de mi padre.

  5. fernando garrido dice:

    Hola José: probablemente tu padre sería uno de los soldados de Massip. En todo caso, tu padre fue uno de esos héroes anónimos de los que nunca se habla en los libros pero permanece en el recuerdo y en el corazón de los hombres dignos. Quienes nos gobiernan no saben lo que es el honor ni lo que significa el sacrificio, nada, pues, podemos esperar de ellos. Recordemos a esos soldados que dejaron su juventud y muchos su vida en aquellas lejanas tierras rusas. Mientras nosotros les recordemos, no estarán muertos. Abrazos.

  6. carlos hermoso sanchez dice:

    alabo vuestra dedicacion. los que diron TODO lo que tenian, merecen mucho mas respeto y mucha mas admiracion. Me pusieron Carlos de nombre, porque meses antes de nacer habia muero como un heroe en Rusia, mi tio Carlos. era teniente de ingenieros, habia entrado en el ejercito siendo aprejador y fue voluntario a Rusia en las primeras expediciones.
    En la batalla del 22 al 23 de febrero se presenta voluntario, para rescatar a los españoles que diseminados ante la rotura del frente, les esperaba una muerte segura. Recuperan a un grupo de despedigados y al ser hostigados en el regreso, se queda el y otro compañero a cubrir la retirada de los demas, siendo abatido. Le concedieron la cruz de hierro por su heroica muerte. Un compañero le escribio un poema que acababa asi:
    “Es tu valor una enseña
    y tu arrojo de tan alto grado
    que si mil sanchez caceres huebiera
    en una hora tomariamos leningrado”
    Me encantaria tener mas datos de el
    Carlos Sanchez Caceres, teniente de Ingenieros
    Caido el 22-23 de febrero de 1942, cruz de hierro el 22/11/1942
    Gracias

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