APUNTACIONES BREVES

Huelga
Me importa un pito que cuanto voy a decir a continuación sirva para que unos cuantos o muchos miles me tachen de fascista, reaccionario, cavernícola o lo que les parezca…

Desde hace mucho tiempo, desde que estudié la historia política y social de España y el derecho en ella vigente, vengo sosteniendo que el pretendido derecho a la huelga no es más que un apéndice de la marxista lucha de clases y sólo se explica y justifica en razón de que en ciertos momentos del pasado, felizmente ya superado en casi todas partes del mundo, y concretamente en España por obra y gracia del franquismo falangista, los trabajadores –que se ganaban su vida y la de sus familias merced a su entrega laboral– carecían de adecuados instrumentos de defensa social y jurídica para reivindicar y mejorar sus condiciones de trabajo y el salario que por él merecían y debían recibir. Era, pues, justo y necesario que en esas circunstancias los trabajadores utilizaran la única fuerza que tenían a su disposición, la de su propio trabajo, para utilizarla como medio de presión contra su empleador mientras que éste no accediera a sus peticiones.
Todo ello estuvo bien, fue bueno, hasta que la sociedad y el Estado se dieron cuenta de que el bien común, el de todos, exigía que el bienestar de los trabajadores se garantizara y satisfaciera mediante los convenientes servicios públicos. De ahí que nacieran la Inspección de los medios, modos y condiciones en que cada trabajo se lleva a cabo, los Servicios médicos y sanitarios adecuados para atender las necesidades pre y post laborales, y los Servicios jurídicos y sociales precisos para la constante actualización y defensa de los trabajadores y sus diferentes labores y retribuciones. Si todos esos servicios públicos existen y funcionan como es debido, a mi juicio carece de justificación el uso de la fuerza bruta –desde los simples gritos y carteles a los piquetes intimidatorios y el corte de vías públicas, quema de objetos, ruptura de puertas y cristales, etc.– que cierto tipo de trabajadores, alentados por organizaciones y personas que viven de eso y para eso, utilizan de vez en cuando para llamar la atención del público en general y advertirle que ellos existen y están dispuestos a fastidiarle siempre que lo crean conveniente para sus parciales intereses.
En concreto: para mí, respetuoso al máximo con los trabajadores y sus derechos, las huelgas anunciadas con carácter general para toda España el día 29, y parcialmente para Asturias, León y Palencia antes y después de esa fecha en torno a las minas de carbón y sus aledaños, demuestran que el Estado democrático de derecho no existe, es una filfa, carece de la adecuada legitimidad social y jurídica, puesto que con su inactividad pone de manifiesto que no garantiza al común de los ciudadanos el ejercicio normal, pacífico y utilitario de sus deberes laborales y sociales. No es de recibo, me parece a mí, que a estas alturas del siglo XXI el Gobierno español, dirigido por quienes presumen de sensibilidad social, someta a sus ciudadanos trabajadores a esas ignominiosas pruebas, y condene al resto de la ciudadanía a quedarse en su casa o a sufrir la inseguridad subsiguiente a la ocupación de vías y servicios públicos por quienes carecen de títulos para hacerlo…
Cataluña
Amo a Cataluña tanto o más que a cualquier otra de las regiones, naciones o unidades de convivencia que han hecho e integran España. Divido y considero a los catalanistas en dos categorías: la de quienes, como es lógico y natural, se sienten catalanes y quieren por ello hacer notar su condición a la hora de defender, hacer y perfeccionar España, poniéndose a la cabeza de su comunitaria unidad de convivencia (algo por el estilo de lo que hacen el Barça, el Madrid, el Atleti, y demás equipos en la Liga); y la de quienes por pueblerinos e incapaces de hacer valer sus méritos prefieren separarse de la cotidiana liga política y social española para organizar otra por su cuenta, de evidente inferioridad histórica y humana, o inscribirse en la de dimensión europea y universal para figurar en ella como rivales y competidores de naciones a ellos semejantes en dimensión y eficacia, y por tanto para siempre condenados a figurar como segundones o terceroles en las clasificaciones de cada especialidad, cada semana y cada temporada.
Cuando podían, siempre tienen y tendrán a su alcance, el ponerse a la cabeza de España, como desde siempre han hecho gallegos, asturianos, leoneses, vascos, cántabros, navarros, castellanos, aragoneses, valencianos, baleares, extremeños, andaluces o canarios, a lo largo del tiempo y en las más diversas actividades de índole política o social. Como siempre hicieron, en diversas peripecias, los catalanes de antaño, hasta que a finales del siglo XIX, y como consecuencia de la nefasta rivalidad de dos hermanos Borbones y sus respectivos descendientes, prendió en ciertos núcleos de la tradicional Cataluña el dañino virus del nacionalismo, alimentado luego por los parciales y bizcos intereses de unas sectas que prefieren ser cabezas de ratón a corazones o cerebros humanos… Así nos va a todos, y así les va a los catalanes…
Leo que en los dos últimos años, por ejemplo, a consecuencia de la crisis económica y social del capitalismo y la socialdemocracia, y de las especiales características del nacionalismo catalán, se han cerrado en Cataluña 5.000 empresas y se han perdido 166.000 empleos… José Montilla, charnego entregado al catalanismo separador, se ha gastado no se sabe bien cuántos miles de euros en irse a China en busca de una empresa automovilística que quiera trabajar en Cataluña: ha vuelto de vacío. Mientras tanto, tres firmas de tanta importancia y rango como Sony, Philips y Braun han tirado la toalla y se han ido con su música económica y social a otra parte: a cualquier sitio que tenga mejores perspectivas de futuro que la Cataluña aldeana de Montilla y sus compañeros de Estatuto y partida de cartas.

ANTONIO CASTRO VILLACAÑAS

EL RISCO DE LA NAVA
GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 530 – 27 de septiembre de 2010

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