Seis ex ministros asesinados en Madrid en 1936 dan la razón a Neira

 

LA POLÉMICA DE SU LIBRO

Las acusaciones del profesor han soliviantado al PSOE, pero un reciente estudio demuestra que sus palabras se ajustan a la realidad de los peores momentos de la represión del Frente Popular.

Las acusaciones formuladas por el profesor Jesús Neira contra el PSOE en su último libro, España sin democracia, de haber cometido “barbaridades y asesinatos” a lo largo de su historia, han levantado ronchas entre los socialistas, pero mirando a la Guerra Civil resultan bastante sencillas de demostrar.
Como muestra, un botón: el estudio de Eduardo Palomar Baró publicado en el último número de Razón Española, revista de pensamiento fundada en 1983 por Gonzalo Fernández de la Mora.
El trabajo, titulado “Los republicanos asesinados por la República”, recuerda que en Madrid funcionaron desde julio de 1936 hasta el final de la contienda “más de un centenar de centros de detención y tortura”, las temibles checas, “controladas mayoritariamente por PSOE, PCE y anarquistas”. Entre agosto y noviembre de 1936 fueron asesinadas en la capital unas doce mil personas, “el mayor número de víctimas represaliadas durante toda la Guerra Civil”.
Entre esos miles de personas había personas de gran relevancia durante la República, a seis de las cuales consagra Palomar su artículo, antes de recordar que entre quienes se presenta ahora como “defensores de la libertad frente a fascismo” había personajes como Santiago Aliques Bermúdez, quien desde 1920 había sido procesado nueve veces por hurto, tres por estafa, dos por atentado, dos por usurpación de funciones, uno por lesiones, uno por malos tratos, uno por abusos deshonestos y uno por robo a mano armada. Fue uno de los que asaltaron la cárcel Modelo de Madrid encabezados por el dirigente socialista Enrique Puente.

Seis nombres que lo dicen todo

Gerardo Abad Conde (1881-1936) estuvo vinculado al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y al republicanismo gallego de Santiago Casares Quiroga, último presidente del Gobierno del Frente Popular antes del estallido del Alzamiento. Era masón grado 33º, fue presidente del Consejo de Estado en 1933 y ministro de Marina en 1935. Fue asesinado en los sótanos de la cárcel de Porlier el 10 de septiembre.

José Martínez de Velasco y Escolar (1875-1936), miembro del Partido Liberal Demócrata, fue alcalde provisional de Madrid en 1934 y ministro de Estado en 1935, y llegó incluso a recibir de Niceto Alcalá-Zamora encargo de formar Gobierno, aunque rehusó. Fue asesinado el 23 de agosto en la cárcel Modelo.
Manuel Rico Avello (1886-1936), vinculado al Partido Reformista, formó parte de la Agrupación al Servicio de la República de Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y José Ortega y Gasset, estaba en buenas relaciones con el socialismo asturiano y fue ministro con tres presidentes de Gobierno de la República: Diego Martínez Barrio, Alejandro Lerroux y Manuel Portela Valladares. Fue asesinado por milicianos el 23 de agosto en la Pradera de San Isidro.
Melquíades Álvarez y González (1864-1936) mantuvo relaciones con la Institución Libre de Enseñanza, formó parte del Partido Unión Republicana de Nicolás Salmerón, y desde 1931 dirigió el Partido Liberal Demócrata. Fue presidente del Congreso de los Diputados con Alfonso XIII y diputado en la República, y en 1933 rechazó varias veces la oferta de ser ministro. Lo mataron en la cárcel Modelo el 22 de agosto.
Ramón Álvarez-Valdés Castañón (1866-1936) fue ministro de Justicia con Lerroux, hasta ser sustituido por Salvador de Madariaga. El 23 de agosto los milicianos le asesinaron en la cárcel Modelo.
Rafael Salazar Alonso (1895-1936) fue uno de los máximos dirigentes del Partido Republicano Radical de Lerroux, alcalde de Madrid entre 1934 y 1935 y ministro de la Gobernación en 1935. Milicianos del Frente Popular lo asesinaron en los lavaderos de la cárcel Modelo el 22 de septiembre.
Una frase indicativa
El asesinato de estas seis personas demuestra taxativamente que lo que estaba en juego en 1936 ya no era la Segunda República, que había abducida por el gobierno del terror del Frente Popular ya desde antes del 18 de julio.
El estudio de Palomar reproduce una frase extraída de una revista de Izquierda Republicana que da idea del espíritu con el que se consideraba a los detenidos en la cárcel Modelo: “Sin afeitar la mayoría, no se diferencian gran cosa de los presos vulgares. El aire distinguido se lo daba la ropa o el uniforme… Hablan poco, meditan mucho y sollozan bastante…”. Y, tras enumerar a algunos de los detenidos (el doctor José María Albiñana, Julio Ruiz de Alda, Rafael Sánchez Mazas o los antedichos Melquíades Álvarez o José Martínez de Velasco), concluye: “¡Lástima que Lerroux y Gil Robles no les puedan hacer compañía!”

Carmelo López-Arias

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