Apuntaciones en torno al juez Garzón

 A todos nos ha llamado la atención que el juez Garzón exculpase al Banco Santander de cualquier delito o falta meses después de cobrarle una buena ayuda económica, la pedida por el juez al dueño del Banco, su «querido Emilio»…

A todos nos ha llamado la atención que el juez Garzón exculpase al Banco Santander de cualquier delito o falta meses después de cobrarle una buena ayuda económica, la pedida por el juez al dueño del Banco, su «querido Emilio»…

Con este motivo, la memoria me ha traído a la mente parte de la letra de un cuplé que mi madre cantaba cuando yo era niño y empezaba a ir solo a la escuela. Recuerdo que se la cantaba a mi hermana pequeña mientras la vestía o peinaba, y decía –entre otras cosas que he olvidado– estos estribillos: «Soy la garsón, son, son, / con el pelo ondulao, / soy una mujer chic, chic, chic…». Los dos siempre me dejaban intrigado, pues nunca llegué a entender cómo eran las mujeres garsonas, pues las que veía por las calles de mi Alcalá natal, sin ser altas no eran pequeñas y de pelo rizado, como la que cantaba mi madre… Por eso, al recordármelas ahora las peripecias del juez Garzón, me he entretenido un buen rato en callejear el «barrio de las letras» que es todo diccionario, buscando en él la etimología, la ortografía y el exacto significado que esa palabra –garzón– tiene en español. He aquí el resultado de mis pesquisas.

«Garsón» equivale a «muchacho». Es una defectuosa pronunciación de la voz francesa «garzón, garzonne» que significa «mozo, muchacho o niño» y fue introducida en nuestra lengua a consecuencia de la excesiva influencia que sobre ella tuvo el francés y lo francés a lo largo del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Podía ser un aumentativo de la voz «garzo», que en algún que otro territorio hispanoparlante significa «azulado», pero no lo es porque a nadie hasta ahora se le ha ocurrido utilizarlo con tal sentido. Creo que al juez Garzón no le agradaría mucho que ahora alguien pudiera jugar con el adjetivo «azulón» en lugar del que legítimamente es su primer apellido en la partida de bautismo y en la civil de nacimiento, aunque hay quien dice que no sucedería lo mismo con su padre en la fecha de tales documentos.

No creo tampoco que «garsón» y «garzón» sean voces adecuadas para nombrar a los grandes machos de las «garzas», esas aves zancudas de cabeza pequeña, pico largo y recto, y cuello en forma de ese, pero después de consultar el diccionario no estoy tan seguro de que los «garzones» no sean los machos protagonistas de las «garzonerías», voz que sirve para nombrar el celo de los animales…

Investigaciones posteriores me han hecho saber que algunas garzas tienen, además de las zancas, picos y cuellos como ya he descrito, plumas largas y/o un moño de color gris… Deben ser garzas otoñales, no garzones, ya que me llegan noticias específicas sobre este tipo de animales. Según mis informadores, los garzones existen, y no son los grandes machos de una garza cualquiera, sino ejemplares típicos de una variedad de garzas, las llamadas reales, que tienen la cabeza calva, sin plumas, y el pico muy largo, el cuello rojizo, las alas negras, el vientre blanco, y además una especie de bolsa junto al pico en la que guardan agua… Yo no sé si con esta descripción alguno de mis lectores podrá reconocer haber o no visto en algún momento de su vida esta clase de garzones o cualquier otra cosa semejante.

Metido ya en averiguaciones he llegado a saber que, además de jóvenes o muchachos, niños o hijos varones, «garzones» eran, en el cuerpo de los Guardias de Corps, los ayudantes que comunicaban a la tropa las órdenes del capitán. Además han sido, siguen siendo y serán siempre «garzones» los «pretendientes» y «cortejadores», los «jóvenes libertinos en el trato con mujeres», y hasta los «invertidos», pues –según las circunstancias de lugar y tiempo– de todo se encuentra en la vida del Señor. En lógica consecuencia, la sabiduría popular decidió hace siglos que «garzonear» equivale a «galantear», «cortejar» o «llevar vida disoluta con mujeres», y que «garzonería» es, lo mismo que «garzona», la «acción de acariciarse los animales en celo» o el «celo de los animales salvajes»…

Todo esto he aprendido al impulso de mis recuerdos infantiles, levitados tras oír y leer que el juez Garzón está siendo investigado por sus buenas relaciones con el dueño del Banco Santander a la hora de realizar ciertas actuaciones judiciales y extrajudiciales. No sé si todo ello le servirá de algo a mis lectores, pero yo se lo cuento por si acaso les entretengo o les hago pensar en lo que pueden dar de sí las garzas y los garzones que de vez en cuando salen a nuestro paso.

Antonio Castro Villacañas

 EL RISCO DE LA NAVA

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

Nº 493 – 4 de enero de 2010

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