Dos destellos alumbran mi memoria de Joaquín Ruiz-Giménez, en la hora de su transito.
1. Su viaje al Archipiélago Canario, en 1953, ministro de Educación Nacional. Como periodista, le acompañé de isla en isla, de escuela en escuela. Fue para mí una convivencia emocionante en un emocionante paisaje. Vivíamos a bordo del cañonero “Vasco Núñez de Balboa”. Allí estaba Carlos Maria Rodríguez de Valcárcel, que había sido mi Jefe Nacional del S.E.U., entonces Director General de Enseñanza Laboral. Vi
a Ruiz-Giménez, cuerpo a cuerpo, elocuente, en político, en gobernante, en patriota.
2. Su asistencia al traslado del féretro de José Antonio Primo de Rivera, desde El Escorial al Valle de los Caídos, en 1959. Todo el camino, a pie, con su hijo, junto al féretro, en oración permanente, breviario en mano. Bajo el signo de la cruz.
Addenda: Durante su estancia en Santa Cruz de Tenerife (1953), el Ministro de Educación Nacional, Joaquín Ruiz-Giménez, impuso la Gran Cruz de la Orden de Sanidad al doctor Tomas Zerolo Fuentes, encargado por Franco de la
Organización de los Servicios Médicos del Frente, en la Guerra Civil.
Addenda 2: Escribe Ismael Medina (en Aranda de Duero)
Del traslado de los restos de José Antonio al Valle de los Caídos [1959] recuerdo
que, durante la marcha, cuando portaba las andas con el féretro, se me acercó [Joaquín Ruiz-Giménez] para suplicarme casi con lágrimas en los ojos que le cediera el puesto a su hijo para que tuviera el honor y el recuerdo imborrables de uno de los grandes hombres de la Historia de España. Me contagió su emoción y accedí a su demanda.
Enrique de Aguinaga